Una onda de choque es como un empujón extremadamente rápido que puede viajar a través de un líquido o de los tejidos con una velocidad mayor que la del sonido. En medicina y biotecnología se usan ondas de choque “débiles”. Poseen mucha menos energía que las de una explosión o que las generadas por un rayo en la atmósfera.
Lo sorprendente es que duran apenas millonésimas de segundo y pueden alcanzar presiones de hasta 1500 veces la presión atmosférica. ¡El tiempo que tardan en aumentar la presión hasta ese valor es aproximadamente 25 veces menor al que necesita una bala para atravesar un bolígrafo! Más que una onda prolongada, se trata de un pulso de presión extremadamente corto.