Semblanza de la semblanza

(Obvio — solo lo bueno)

Desde antes de saber leer, ya estaba rodeado de planos, mecanismos geniales y relojes de todo tipo. Eso se lo debo a mi padre, de quien heredé la fascinación por la ciencia y por los relojes solares, que se volvieron una de mis aficiones.

Aunque originalmente quería estudiar astronomía para entender los fascinantes secretos del Universo, opté por Ingeniería Física pensando que sería una buena combinación entre curiosidad y estabilidad laboral. La realidad fue otra: no terminé en la industria ni descifré los secretos del Universo… pero, por azares del destino, llegué a una institución maravillosa: la UNAM. Desde 1987 sigo ahí, felizmente atrapado entre la investigación, la docencia y las conversaciones de café, donde nacen las mejores ideas. Llevo más de 35 años dando clases, convencido de que enseñar es una excelente manera de seguir aprendiendo. Como puede verse en este sitio web, mi trabajo de investigación en el laboratorio me ha llevado a explorar un mundo en el que la física se entrelaza con la medicina, biología y química.

Fuera del laboratorio, el agua siempre ha sido un elemento constante en mi vida: nadé a nivel competitivo durante muchos años y me apasionan los deportes acuáticos como el buceo, el esquí y el veleo. También me fascina viajar y estoy convencido de que es la mejor inversión que se puede hacer. Aprendí a manejar en un Chevrolet Bel Air 1957, lo cual probablemente explica por qué el rock clásico me sigue pareciendo insuperable.

En lo personal, he tenido la fortuna de formar una gran familia. Mi hija encontró su pasión en las artes —y sospecho que entiende el mundo mejor que yo—, mientras que mis otros dos hijos tomaron caminos distintos, pero con acierto. Mi esposa, asombrosamente, no necesita cuestionarse el Universo para comprender la vida con claridad.

Me gustan los perros. No solo porque dan alegría, sino porque dominan algo que frecuentemente cuesta trabajo: vivir en el presente.

Semblanza de la semblanza

(Obvio — solo lo bueno)