Especialistas en nanomedicina y ondas de choque desarrollaron nanopartículas de vidrio poroso que funcionan como un caballo de Troya. Transportan ADN (material genético) en sus poros y en su superficie, protegido por una capa que se parece a la membrana celular. Esta capa no solo protege el ADN, sino que también “engaña” a la célula, facilitando su entrada. Se aplicaron ondas de choque a pequeños recipientes con células humanas de riñón vivas en suspensión. En el líquido ya existen microburbujas invisibles (como en un vaso con agua). Al pasar las ondas, estas burbujas crecen y colapsan violentamente, generando microjets, diminutos chorros que actúan como microjeringas, abriendo por instantes la membrana celular e inyectando las nanopartículas. Aunque se abre un poro, la membrana se cierra rápidamente y las partículas quedan dentro del núcleo de la célula. Esta metodología novedosa podría ayudar a desarrollar tratamientos para varias enfermedades genéticas.