¿Ciencia entendible?

Romper cálculos sin dañar el riñón: El paso previo que podría cambiarlo todo

Fernández, A. Domínguez, E. Castaño, A.M. Loske

Las ondas de choque, que son pulsos de alta presión sumamente breves y que se propagan rápidamente en el agua o en los tejidos, se utilizan desde los años ochenta para romper cálculos renales sin cirugía. Estas ondas se generan fuera del paciente y se enfocan hacia el cálculo. Tras cientos de impactos, los cálculos se fragmentan y el paciente elimina los residuos en los días siguientes. Aunque es un método ampliamente utilizado, puede causar sangrados o inflamación en el riñón. Científicos del CFATA de la UNAM estudiaron cómo reducir este efecto. Descubrieron que, si antes del tratamiento principal se aplican ondas desenfocadas a todo el riñón, el tejido resiste mejor. En experimentos con conejos, el pretratamiento redujo significativamente el daño. Este efecto se explica porque las ondas de menor energía provocan contracción de los vasos sanguíneos. Dentro de estos vasos pueden formarse microburbujas que crecen y colapsan violentamente, generando fuerzas que dañan el tejido. Al reducirse el diámetro de los vasos, hay menos espacio para que las burbujas crezcan; su colapso es menos intenso y, por lo tanto, disminuye el daño asociado. Las paredes de los vasos contienen células musculares que reaccionan a los cambios de presión contrayéndose, volviéndolos más estrechos y resistentes al impacto de las ondas posteriores.

Los experimentos con animales se realizaron conforme a la Norma Oficial Mexicana NOM-062-ZOO-1999.